domingo, marzo 20, 2005

La biblioteca viviente de Ray Bradbury

Shakespeare & Company en Parí­s Posted by Hello Al final lo consiguieron. Fue algo más sutil que las piras de libros de los nazis, pero mucho más efectivo. Primero descubrieron cual era la región exacta del cerebro que se encargaba de la escritura y la lectura de letras. Los números los respetaron, cómo iban si no a manejar el dinero... Despues estudiaron como funcionaban exactamente esas neuronas, describiendo todas sus reacciones y procesos. Al fin dieron con una proteina esencial que cuando estaba estropeada determinaba la muerte de la célula. Por último desarrollaron un virus que portaba un gen suicida. Una vez infectada la neurona de la lectura y la escritura el virus introducí­a una secuencia en su ADN que le impedí­a fabricar la proteina, matándola. El virus infectaba depués otra neurona y otra, respetando siempre a las que cumplieran funciones distintas a las de la lectura y la escritura. No sabemos bien como extendieron la epidemia, si fue por el agua o incluso por el aire. El caso es que fue una catástrofe a cámara lenta. Los efectos de la infección no eran inmediatos si no que uno iba perdiendo capacidades poco a poco. En diez años los infectados se volví­an completamente analfabetos. La literatura languidecía, la historia se olvidó, la poesí­a y la filosofí­a se despreciaron. Como en el libro de Bradbury, como en la pelí­cula de Truffaut, el mundo se volvía un lugar ordenado y productivo. Nadie soñaba con ser lo que no era, todo el mundo era obediente y no se perdí­a el tiempo con la imaginación. Todo el mundo era ignorante y feliz. Shakespeare & Company Posted by Hello Algunos nos dimos cuenta a tiempo. Al principio nos sonaba a lo que antes se llamó ciencia ficció pero la evidencia fue tal que comenzamos una resistencia. Al principio almancenabamos libros en lugares secretos, pero pronto nos dimos cuenta que ninguno de nuestros hijos entendería nunca para que guardabamos toneladas de papel y ficheros llenos de sí­mbolos incomprensibles. Así­ que empezamos a memorizarlos. Como en Farenheit 451, nuestra biblia, el libro que fue nuestra salvación. Hoy estamos ya todos contaminados, nuestros hijos nacen sin la capacidad de leer o escribir. Inventar nuevas grafí­as no sirve de nada, ya lo hemos intentado. Pero todos y cada uno de nosotros conoce un libro de memoria. Cada uno de nosotros es el guardián de una historia. Nos reunimos por las noches en el profundo bosque para relatarnos los unos a los otros. Nos casamos y tenemos hijos a los que transmitimos nuestras historias. Los jóvenes más rebeldes estan hartos de transmitir las obras palabra por palabra con exactitud. Quieren improvisar, cambiar la forma de contar las cosas, incluso inventar historias nuevas. El consejo está preocupado, pero yo me doy cuenta de que esto es inevitable y tal vez sea beneficioso. No podemos vivir siempre de historias del pasado. Por eso les insistimos en que aprendan primero una historia clásica y la respeten y que ya después inventen las suyas propias. A veces muere alguien inesperadamente y algunas historias se pierden para siempre. Esta es la biblioteca viviente de Ray Bradbury

2 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Por tu culpa he mezclado una libreria de ´París con otra de Roma...

Y yo tan convencido de que era la misma...

Fansh

6:21 AM

 
Blogger Breavman said...

¿Acaso no están unidas todas las bibliotecas del mundo por un pasillo oscuroque hay alfondo bordeado de altas librerias repeletas de libros polvorientos?

2:20 PM

 

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