Es un chico japones de unos 25 años. No se llama realmente Takeshi, su nombre es prácticamente impronunciable. Por eso, hemos decidido bautizarle de nuevo
Takeshi tiene ese aire aplicado de los estudiantes extranjeros. No entiende el humor occidental. Con inquietante frecuencia sueña con sapos.
La primera vez que le vimos estaba en la cola del museo. Aquel dÃa no comprendimos del todo su estrategia.
Takeshi va al museo todas las semanas, solo, con un cuaderno de bocetos. Hace tres años que no dibuja nada. Una vez dentro y con aire distraido se acerca a los grupos de turistas nipones. La selección de su presa es lo más difÃcil. La chica tiene que tener una expresión que no sabe describir pero que conoce muy bien: la de una persona sedienta de ROMANCE.
Él rompe el hielo con la excusa de la patria común, para seducirlas indefectiblmente con sus conocimientos de arte y anécdotas sobre las distintas obras del museo. Takeshi conoce bien los programas turÃsticos y sabe que sólo tiene tres dÃas de ROMANCE antes de que el grupo siga rumbo a Barcelona, asà que las besa siempre en la tercer planta. De esta manera se ahorra las explicaciones de unos autores que nunca le gustaron.
Para la hora del almuerzo ya ha conseguido aislar a la chica de su grupo y no la restituye hasta diez minutos antes de la salida del tren para Barcelona, donde a veces tiene casi que arrastrala. Más de una chica ha querido quedarse con él para siempre.
Ellas nunca le olvidan y el vuelve a ir al museo a la semana siguiente