Por la tarde estuvo viendo "La tormenta de hielo" en casa de su novia. La película, dirigida por Ang Lee trataba de la lenta desintegración de una familia acomodada en los años setenta estadounidenses.
Cuando cogió el coche para volver a su casa ya era noche cerrada y una desapacible tormenta de agua y nieve azotaba las calles. "Como en la peli", pensó divertido. El frío intenso había congelado el húmedo piso, dejando la carretera convertida en una pista de hielo resbaladizo. "Igual que en la peli", pensó de nuevo, y se dispuso a conducir con cuidado.
Encendió la radio y buscó alguna emisora decente. El dial se detuvo en un tema que formaba parte de la banda sonora de la película que acababa de ver. Alzó las cejas con la sorprendente coincidencia, pero al final dejó esa emisora. La canción le gustaba bastante.
Mientras conducia no podía quitarse la película de la cabeza y en lo curiosa sensación de deja vu que le asaltaba. "Sólo falta que un arbol caído esté bloqueando la carretera y que los cables de alta tensión rotos, estén soltando chispazos, como en la peli." Casi no pudo sorprenderse al comprobar que la carretera principal estaba cortada por un arbol, que había derribado los postes eléctricos al ser arrancado por el fuerte viento.
Afortunadamente había un desvió por el que continuó conduciendo. Perdió el control en una empinada curva cuesta abajo por culpa del hielo y de sus desgastados neumáticos. Su coche dió varias vueltas de campana y el golpe tremendó le dejó encerrado dentro del vehículo, con las puertas aplastadas e incapaz de moverse.
"La película no terminaba así" pensó contrariado y sorprendido pocos instantes antes de caer inconsciente y morir congelado en el interior de su coche en medio de la nieve.